domingo, 15 de enero de 2017

No puede ser amor 30° - Gaby Ruiz



Danaé continuó en silencio, mirándolo con aprensión. No, no podía haber dicho eso. Él no podía amarla. ¿Cómo podría? ¡Apenas estaban saliendo unos meses! Aunque se hubieran conocido antes, no podía… Pero la manera en que lo dijo, estaba tan seguro. ¿Por qué ahora?
Kyle no esperaba una respuesta. En realidad, él no sabía por qué había dicho eso.  Bueno, porque lo sentía sí. Él sentía que amaba a Danaé, que después de todo ese tiempo no la había olvidado. Seguía siendo la misma joven en el fondo aún cuando hubiera madurado considerablemente.  ¿Cómo no iba a amarla? Nada había cambiado, podía ser tan maravilloso o más que antes. El único pero que existía era él. Ese Alex. No podía precisar por qué. No era una actitud única de Alex o de Danaé. Tan solo lo sentía y eso no le gustaba. Además, no era algo nuevo. Había sido igual antes. ¿De verdad lucharía por Danaé?

–Kyle, tú eres un hombre maravilloso –Danaé le besó con suavidad en los labios– pero vamos a tener que hablar –cuando él empezó a decir, ella negó– no ahora. No es el lugar ni el momento.  Canadá, ¿sí? –pidió.
Él accedió y ella sonrió. Le extendió la mano para ayudarla a bajar.  Habían llegado a la fiesta.
El lugar era perfecto.  A Danaé siempre le había gustado ese restaurante.  Además era amplio y la terraza tenía una vista espectacular. Realmente cuando Aurora ofrecía una fiesta, lo hacía impresionante. Muy diferente a su tía Mel, la mamá de Aurora, a quien no le gustaban las fiestas sino el perfil bajo. Como ella, se identificaba con su tía en bastantes aspectos.
Buscó con la mirada a Marcos para que Kyle se sintiera más cómodo.  Después de todo, habían sido amigos y aún lo eran. No logró ubicar a nadie porque había demasiadas personas alrededor, imaginó que esperaban la llegada de Aurora.
Seguramente haría una entrada espectacular, como la de sus dieciséis años.  Solo que… fijó su mirada cuando se atenuaban las luces. Había llegado el momento. Apareció Aurora, con un increíble vestido gris, ceñido y elegante, que recordaba, una vez más, a su fiesta de dieciséis años. Incluso la decoración del lugar. ¿Sería el gris su color favorito?
Y lo supo. Aurora no haría su gran entrada sola. No lo había esperado, tal vez lo había sabido muy en el fondo de su mente, que sería Alex. Pero no había querido aceptarlo. ¿Por qué con Alex? ¿Por qué él?
Se tensó. No pudo evitarlo. Mirar como su sueño se desvanecía mientras Aurora y Alex bajaban sonrientes, ella del brazo de él, siendo una pareja de ensueño.  ¿Por qué tenía que ser él? ¿Por qué ella? ¡No, eso no estaba bien! Sencillamente, así no debía ser. 
Ese había sido SU sueño. Que Alex fuera su acompañante (no que ella fuera a ofrecer una fiesta o nada por el estilo) ofreciéndole su brazo, siendo el primer baile de ella en la fiesta con él, sonriendo y provocando que el mundo se desvaneciera hasta quedar solo los dos. ¡Era con ella! ¿Por qué Aurora tenía que robar todos sus sueños? ¡Nada, nada le había salido nunca como quería! Porque Aurora había hecho todo antes o lo había hecho mejor. ¿Y ahora? Tenía a Alex. 
No que fuera nuevo solo que era duro afrontarlo. Mirarlo con sus propios ojos era más de lo que podría soportar. Tenía que salir de ahí.
Kyle sintió que la mano de Danaé se deslizaba de su brazo mientras la miraba caminar rápidamente hacia uno de los costados del salón. Había un pequeño jardín imaginó cuando la vio atravesar una puerta. La siguió aun cuando sabía que eso solo le haría daño. Pero debía enfrentarlo. Era ahora o nunca. 
Y lo sabía bien. Había visto la expresión de Danaé al ver a Aurora con Alex. ¡Maldito fuera ese Alex!
***
Alex se removió la corbata, como si se sintiera terriblemente incómodo. No era así, de ninguna manera, estaba acostumbrado a llevar corbata.  Era la situación, que él, voluntariamente, había aceptado. Sí, dentro de unos minutos bajaría las escaleras con Aurora y bailarían tal como lo habían ensayado. ¿Por qué lo había hecho?
Esa era una respuesta fácil. No podía negarse a algo así, porque de esta manera se había enamorado de Aurora. Cuando había tomado su mano, siendo unos niños, frente a todos, había sabido que era amor. Lo había sentido y no había cesado en todos esos años. 
Hasta el momento en que vio a la mujer desconocida. A quien resultó ser Danaé. Y, bueno si era totalmente sincero, la única vez que no se sintió enamorado de Aurora fue cuando besó a su fantasía en el jardín. Pero ahí había pensado que era Aurora, a quien besó fue a ella, por tanto, seguía siendo amor… solo que a algo que no había sucedido jamás.  Y aún así, él no había podido borrarlo de su mente.
Porque nunca más había sido así.  Ni antes ni ahora, solo aquella vez.
Y pensó volver a sentirlo.  No tan intensamente, solo un rezago de aquella vez, convertido en expectación por descubrir a la mujer que lo impresionó así. 
Nada. Era Danaé.  No podía ser cierto. Aún no lo creía.  Pero había sido ella, siempre ella.
–Todo listo –se escuchó la voz de la organizadora y Aurora sonrió.
–¿Listo mi príncipe de cuento de hadas? –preguntó ella con una sonrisa enigmática.  Él asintió, no se veía capaz de decir nada–. Nos esperan.
Él no se preguntaba más por el sentido de las palabras de Aurora. Ahora que había tenido oportunidad de hablar ampliamente con ella, sentía que no existía mucha conexión entre una cosa que decía y otra. O sencillamente, no existía conexión alguna entre ellos. 
Había aceptado y estaba ahí, bajando las escaleras con Aurora apoyada en su brazo y él lo único que quería era encontrar a Danaé.  ¡Eso tenía que significar algo!
Ahí estaba, mirando hacia ellos como todos los demás. Solo que a él no le importaba nadie más que ella. Pero no parecía mirarlo, no de manera directa. Y huyó. Danaé huyó del salón.
Alex sintió que debía hacer algo. Tenía que hacerlo en ese instante.  ¿Cómo podría hacerlo?
Y en ese momento, él supo que sus sueños no eran nada comparados con la realidad.  Había deseado tanto ser el hombre que tuviera la dicha de acompañar a Aurora y compartir su primer baile… ahora eso no tenía ningún sentido.  Y él, no era de las personas que actuaran sin una lógica.
–Querida –susurró en su oído– voy a tener que abandonarte.
–¿Así de pronto? –preguntó Aurora calmada para sorpresa de Alex– tenía la esperanza de retenerte más a mi lado, pero las cosas son como son.
–Lo lamento tanto, Aurora –Alex le tomó la mano galantemente y le dedicó una enorme sonrisa– pero tengo algo que hacer.
–Lo sé –asintió– ve por ella.  A mí me esperan –y Alex miró.  Efectivamente, Christopher estaba en la base de la escalera y a una señal imperceptible de Aurora, extendió la mano.  Él dejó a Aurora ahí y corrió.

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